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Versiones del origen del baile de Los diablos

Uno de los promesantes en la fiestas patronales en honor a Santa Ana y San Joaquín

Denis Gaitán, Eliette Mejía y Yessenia Ordóñez

Con exactitud no se sabe realmente el origen del baile y danza de Los Diablos que acompañan a los santos patronos Santa Ana y San Joaquín.
Según el Boletín publicado en ocasión del centenario de Nandaime en 1991, Los Diablos tienen su origen en La Orilla y La Barranca, y era encabezados por la señora Isabel [Vicenta] Cabrera, los padres párrocos de esa época eran Ángel Remigio Ulloa y Santiago Gutiérrez.

Para el historiador José María Zavala, el baile de Los Diablos se origina en Masaya, pero se han hecho populares y famosos en Nandaime.

De este baile tradicional se cuenta que antes no se danzaba con música filarmónica, sino con violín, además el vestuario era de saco de bramantes el cual lo desilachaban. Asimismo no utilizaban sombreros si no que se adornaban la cabeza con flores naturales; utilizaban panderetas en vez de pañuelos, y en vez de máscaras se llenaban la cara de contil. Las influencias se han hecho sentir y ahora es otra la vestimenta que utilizan.

La vestimenta actual consiste en zapatos, medias, pantalón bombacho corto, nagüillas de vivos colores, sombrero adornado con flores, espejo, sonajas y un pañuelo para los movimientos.
Los diablos le ofrecían versos a Santa Ana, versos o coplas en los cuales se dejaba en evidencia la devoción que tenían hacia ella o el agradecimiento por los milagros recibidos. Asimismo las inditas ofrecían versos y coplas a Santa Ana y después se dedicaban a venerarla a través de los bailes.

Cada año aproximadamente salen entre seiscientos cincuenta y setecientos bailarines, quienes lo hacen por tradición o pagando algún favor a nuestra santa patrona, Santa Ana.

Su orígenes en el viejo mundo

Según datos de Internet se tiene memoria de la aparición de una danza de Los Diablos que Europa y el “Nuevo Mundo” coincidía con la fiesta del Corpus Christi, la infraoctava del Cuasimodo y/o también llamada la celebración del Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Esta fiesta apareció en Europa en 1264, diseñada por santo Tomás de Aquino a pedido del Papa Urbano IV, y fue difundida por América con la Conquista en el siglo XVI, alcanzando su apogeo en el siglo XVII.

La danza de Los Diablos alcanzó grandes dimensiones en Suramérica; específicamente en Perú con los afrodescendientes, siempre en el marco de la celebración del Corpus Christi. A diferencia de otras ciudades de la América colonizada la celebración en Lima se caracterizaba por la gran participación de la población negra; ya que de acuerdo a estudios históricos, Lima fue la ciudad con la mayor concentración de negros de todo el hemisferio occidental durante el siglo XVII y siguió siendo predominante durante toda la Colonia.

Y aunque los negros participaban tanto en el Día del Corpus como en la Octava y el Domingo de la Infraoctava , esta última procesión tenía para ellos una importancia particular pues desfilaban ante el Virrey, por lo que se esmeraban más que nunca en su actuación.

Todas las cofradías negras participaban separadas por género e iban acompañadas de figuras grotescas entre Los Diablillos, figuras deformes que representaban a genios del mal, servidores del dragón, pero que junto con él habían sido vencidos por el Cristo Eucarístico a quien ahora servían y le hacían reverencias.

¿Pero que había detrás de la participación de negros e indígenas? Las colonias de América con los negros esclavos e indios sojuzgados y bajo la sutil apariencia de un día de total “libertad”, el dominador invitaba al dominado para que practicara sus más espectaculares danzas ancestrales. El fin que se perseguía era utilizar su cultura “pagana” como encarnación del “mal” y relevar así la sagrada imagen del “bien”, identificando a los primeros con el propio diablo.
Tuvo éxito dicha estrategia que muchos de los denominados terminaban admitiéndose diablos y aceptar gustosos sus papeles. Aunque las danza de Los Diablos tuvo su origen en España terminó siendo asumida y sobre todo adaptada por los afroamericanos e indígenas.

Recordemos toda la riqueza cultural que tenían nuestros antepasados a la llegada de los colonizadores. Si bien es cierto que quisieron desaparecer toda nuestra cosmovisión y expresiones culturales, nuestro pueblo precolombino hizo resistencia y buscaron formas para dejarnos su huella y legado, lo podemos ver y sentir en nuestras danzas, comidas, creencias, etc.

Los negros e indígenas aprovechaban las danzas para, de manera oculta, celebrar a sus deidades y por supuesto mofarse de los colonizadores españoles. Cambiaron sus mascaras originales por mascaras con rostros de europeos como una estrategia de seguir adorando a sus dioses y a la vez evitar que los incivilizados colonizadores los quemaran vivos en las hoguera acusándolos de herejes y demonios.

Un atuendo muy significativo

El baile de los diablos en Nandaime es distinto a los bailes de los diablitos en Masaya o Jinotepe. Su fuerza, sus pasos y resistencia lo diferencian totalmente.

El atuendo que portan los diablos de Nandaime cargan significados ancestrales tanto de nuestros nativos como de los negros traídos como esclavos. El uso del espejo en el sombrero nos recuerda el engaño que hicieron los españoles a los indígenas cuando estos daban espejos a los indígenas a cambio de oro. Eso nos alerta a que todo lo que brilla no es oro.

El sombrero lleva punta de arpones de colores para representar la herramienta de vida pues con éstas pescaban, cazaban y emprendían sus luchas de resistencia contra la opresión y esclavitud. Las flores nos hacen el llamado a respetar y venerar la madre naturaleza. La mascara representa el rostro del colonizador y sus ropas una forma de imitarlos y ridiculizarlos al mejor estilo güegüense.

Los pasos muestran su apego a la madre tierra, la resistencia y el dolor de estar sometidos a la peor barbarie humana cometida por los colonizadores europeos.

Aprovechamos la ocasión para hacer hincapié en la necesidad de no perder la tradición de la indumentaria pues hemos observado que muchos de los danzantes han adoptado máscaras como las del zorro, gafas, faldas de “Shakira”, sombreros del toro huaco, entre otros adornos que no tienen que ver con la danza de los diablos. Si no tienen mascaras es preferible ir con su propio cara.

Etiquetas: Especiales

Fecha: 25/08/2008
Fuente: Monica Rojas
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