Es una señora de tez blanca, ojos azules y carita alargada, de cabello corto. Vive sola con sus santos. Es devota del santísimo.
Se define como católica, apostólica y romana. El santísimo es su fortaleza, todos los días le canta. Goza de asistir al club de Ancianos Joaquín y Ana.
Se trata de la profesora Ana Pastora Quintanilla, de 95 años, nacida y criada en Nandaime, pero con orígenes rivenses, sus padres Joaquín Quintanilla y Engracia Larios provenía de Belén.
Recuerda que caminaba 5 kilómetros a diario para llegar al Valle Menier, donde impartía clases y enseñaba a la leer y escribir. En el Valle Menier pasaba todo el día; en una escuela unitaria hasta el tercer grado.
Treinta años los dedicó al magisterio y es cofundadora de la escuela Rosa Matilde Romero de la comunidad La Barranca donde pasó 13 años ofreciendo clases. Su edad no es impedimento para recordar diversos acontecimientos en su vida de maestra; sin embargo nos confiesa para determinar las fechas ya la mente es traicionera.
La propuesta de fundar dicha escuela le vino de la profesora Leny Ramírez, lo cual en un inicio dudó en aceptar; pero después juntas emprendieron la tarea. Recuerda que don Pedro Fernández donó el terreno y los primeros ladrillos para construir el centro educativo.
Los niños y niñas que estaban ya inscritos junto con la Profesora Quintanilla se dieron a la tarea de salir a la carretera y con una cuerda paraban los vehículos que transitaban en esa época para solicitar apoyo para la construcción de las aulas de clases. El esfuerzo de ambas profesoras dio como resultado la construcción de dos aulas. Recuerda que el Padre de esa época, Gerardo Arnáiz, bendijo el primer ladrillo de la construcción de la escuela.
A título personal, la profesora Ana Pastora Quintanilla donó 100 córdobas para apoyar a la construcción. La escuela fue creciendo en número de estudiantes y por lo que se necesitó nuevos docentes. La primera promoción de la Escuela Rosa Matilde Romero se la dedicaron a ella. “Para mí quien se merecía la dedicatoria era Leny, pero ella no quiso y me la dedicaron a mi por el aporte que hice, pero ella era quien más lo merecía”, reconoce la profesora Ana Quintanilla.
Para hablar de su experiencia en las aulas dice: “me encantaba dar clases, mucho quise a mis alumnos, nunca castigué, nunca di “reglazos”, yo le tocaba las orejas a los muchachos pero nunca se las halé con grosería”.
La profesora Anita Quintanilla goza en compartir que nunca tuvo alumnos “repitentes”, se describe como una maestra de vocación, recibió distinciones porque en tres meses ya un niño o niña sabía leer. Su aliado para lograr esa meta era el método silábico, comenzando a enseñar las vocales.
Una de las grandes experiencias que le dejó el magisterio fue comprender a los niños y niñas y saber identificar el porqué un niño o una niña no podía aprender la lección, lo que le permitía no imponer castigos. “Me hice psicóloga, aprendí como comprender a los niños y niñas, cómo iba a castigar un niño si no sabía la lección, sabiendo que habían otros factores que lo afectaban”, reflexiona la profesora.
Ahora a sus 95 años se siente feliz porque le han sabido apreciar su trabajo, le han dedicado promociones y le queda la satisfacción de que sus alumnos la saludan siempre con mucho cariño.
En la comunidad Las Mercedes existe la escuela “Ana Quintanilla” en honor a su labor pero lamentablemente se encuentra cerrada por falta de matrículas.
Nunca quiso casarse porque amaba su libertad, en su juventud el machismo era más marcado en nuestra sociedad. El mensaje que la profesora da a la nueva generación de maestros y maestras es que comprendan al niño y la niña.
A la profesora Anita Quintanilla la han invitado anteriormente para que conozca la escuela que lleva su nombre, pero además la invitaron para compartir un evento en la Escuela Rosa Matilde Romero, y nos dice: “Hasta en Japón anduve, los japoneses me tomaron foto porque ellos reconstruyeron la escuela”. Querían que los alumnos y alumnas conocieran una de las fundadoras de esa Escuela, sin olvidar a Leny Ramírez, a quien también se lleva el mérito.
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